viernes, 16 de noviembre de 2007

El cuarto oscuro


El cuarto oscuro, le decíamos. Y nada tenía que ver con el lugar destinado al sufragio. Era un juego inventado al calor de un verano con mis primos. Uno se quedaba afuera de la habitación mientras los demás nos escondíamos en la profundidad oscura de los muebles y los objetos apilados.
La pieza elegida era la que estaba al fondo. La última de la casa chorizo donde vivía mi abuela. Las más chica y plagada de cosas en desuso llena de un pasado que nadie estaba dispuesto a borrar.
Con mis primos conocíamos minuciosamente el territorio y cada uno de sus huecos. Todos teníamos algún escondite estratégico, pero el ocultamiento se hacía difícil si alguien ya se había apropiado del lugar. Un pisotón en la cabeza de otro, un codazo y el desmoronamiento de las sábanas que cubrían la cómoda interrumpían el juego. Llantos, gritos y hacer las paces para empezar de nuevo.
A la cuenta de diez el que estaba en guardia atravesaba la puerta y con ella la espesa oscuridad para emprender la búsqueda.
Dos cosas hacían falta para se iniciara el juego: el aburrimiento y la densidad de una tarde de verano. Porque en verdad ninguna otra época del año hacía tan propicio ese recreo.
El juego empezaba cuando todos dormían la siesta y el cuarto se cerraba para convertirse en el más fresco de toda la casa.
Ni un rayo de sol entraba por las hendijas de la ventana. Sólo el contorno y las sombras de nuestros cuerpos movedizos, escondidos, frotándose.
Nos hundíamos ahí sin vernos, para buscar y encontrar al otro.

lunes, 12 de noviembre de 2007

La hija de la lágrima






"De cara a la pared"

Casi como la leyenda mexicana de La Llorona, Lhasa de Sela –hija de madre americana y padre mexicano, nacida y criada entre esas dos tierras– nos hipnotiza con su canto. Esta mujer de 35 años traduce a un alma en pena que embruja y atrapa con sus sonidos tristes, melancólicos y siempre al borde del desgarro.

martes, 6 de noviembre de 2007

Cuando nos enamoramos

Notarán que cuando nos enamoramos apuntamos a una extraña paradoja, y esta consiste en que cuando nos enamoramos buscamos reencontrar a todas o algunas de las personas a quienes estábamos unidos desde niños.
Por otro lado pedimos a la persona amada que corrija los errores que cometieron nuestros padres o hermanos. Por eso ese amor en sí mismo es una contradicción, el intento de retornar al pasado y el intento de rehacerlo.

Marguerite Yourcenar

viernes, 2 de noviembre de 2007

Anoche soñé con Björk

Aunque no es habitual que sueñe con gente reconocida mundialmente, a veces me ocurre. Pero cuando me sucede, tal como ocurre con la mayoría de los sueños, suelo cambiarle la cara o el rol que esas personalidades de importancia tienen en esta vida. Así, por las noches cuando ciertos famosos se me aparecen lo hacen convertidos en personas de mi entorno más cotidiano: familiares, amigos, parejas o compañeros de trabajo.
Pero esta vez fue distinto. En plena noche Björk entró a la cocina de mi casa mientras yo, desvelada toda, fumaba un cigarrillo. En medio de la oscuridad se oían sus pequeños pasitos y su shshshshshshsh como pidiendo silencio para empezar a cantar.
Yo la observaba pero ella no se percataba de mi presencia y empezaba a cantar pegando saltitos entre las alacenas. Me desperté con la misma sensación que me dejó la película Bailarina en la oscuridad: "No estamos perdidos si esta no es la última canción".






domingo, 28 de octubre de 2007

Detesto las despedidas de soltera


"La novia y el sueño del falo gigante"


Hay pocas cosas que me parecen tan patéticas como las despedidas de solteras. Por suerte como la mayoría de mis amigas están o solas o en convivencia desde hace años sin haber pasado ni por civil, ni por iglesia y habiéndose ahorrado las pompas de un casamiento, el festejo de la última noche de soltería se da en mi vida como decía mi abuela “cada muerte de obispo”.
Las despedidas de soltera que fui invitada las puedo contar con los dedos de la mano y a Dios gracias hay ocho que me sobran.
A la primera fue imposible no asistir. Se trataba de la de mi mejor amiga del secundario que apenas terminamos de estudiar decidió casarse como todas suponíamos con el novio del barrio de toda la vida. Para colmo no sólo invitó a las amigas sino también y como si fuera poco a las mujeres de su familia: hermanas, madre, abuela y tías. Un horror.
El lugar era una especie de baño sauna decorado con motivos faraónicos, música tropical, cerveza, pollo relleno con guarnición de papas con crema y de postre algo muy parecido a la casatta.
Debo reconocer que lo que más me gustó es que en esa especie de cantina decadente no sólo había despedidas de mujeres, sino que también había grupos de hombres haciendo lo propio con sus amigos. Aunque no tenía mucha onda, reconozco que esa noche parecía que no me iría tan mal. En las cercanías de la pista de baile me puse a hablar con un muchacho que andaba un poco perdido como yo y alejándonos un poco de la horda nos besamos un rato hasta que de pronto un amigo suyo, el que se casaba precisamente, fue arrojado al aire en son de festejo y se partió la frente con un artefacto de la luz. Acto seguido: los muchachos salieron todos corriendo al hospital con el novio malherido. Resultado: el desconocido que recién había besado partió junto a la ambulancia.
Por último, le escapé al trencito carioca lo más que pude pero no logré evitar ser fotografiada con mi grupo de amigas, al centro la novia con calabacita tallada en forma de pene, regalo del verdulero de su tía.


"Algunas de las manualidades que se entregan en estos eventos"


Con esa única despedida en mi haber, el viernes pasado me dirigí a la segunda y espero que última de las festicholas para despedir a una soltera, esta vez del trabajo. Aunque nunca imaginé que mi compañera se iba a casar con todo: civil, iglesia, fiesta y despedida. Desde que recibí la tarjeta comprendí que la cosa se venía completa. Y así fue.
La cita era en casa de su hermana, organizadora de todo el paquete, para vestirla y adornarla y luego un bar donde se estilan despedir a las que se casan. Sólo en estos momentos agradezco no tener hermanas mujeres porque creo que son las que se empecinan en maquinar cosas que a una terminan por arruinarle gran parte de la vida.
Con una pastillita, porque no me iba a ser nada fácil pasar ese trago sin nada, emprendí la marcha.


"Un ejemplo de repostería ¿erótica?"

Trataba de estirar los pasos para llegar tarde o nunca. Toqué timbre y enseguida salió la hermana de mi compañera con un collar de piñas que en poco tiempo lo vi en rollado en el cuello de la novia. Mientras tanto, otra inflaba unos forros que luego irían a parar a la cabeza de la susodicha y por último unas medias de red, con un vestido a lunares tipo hormiguita viajera. Ahí empezamos a beber y creo que lo hice más de la cuenta pero ya era demasiado tarde.
En un auto, yo ni siquiera acepté poner el mío, fuimos creo que tocando bocina todo el viaje hasta el bar de la despedida. Ahí, una jauría de solteras despedían su noche con un rebaño de chicas que se notaba habían competido toda la noche para ver quien ridiculizaba más a sus amigas. Un hada madrina con una varita mágica que tenía un pene en la punta, una mujer policía con un machete más que fálico, y una colegiala con una paleta con el mismo motivo. Todo un culto a la falta de originalidad total, al festejo prefabricado y para nada genuino.

Nos sentamos y seguimos tomando hasta que llegó lo peor: los stripers. Creo que las únicas veces que vi shows del estilo fue en boliches adonde solía ir con mis amigos gay.
Ahí, toda la manada femenina comenzó a gritar desaforadamente y a moverse como al ritmo de convulsiones.
A esa altura ya me estaba dando cuenta que el alcohol que tenía encima era excesivo. Como pude me arrastre al baño entre los contoneos de las chicas, los disfraces de las solteras que dejarían de serlo y las prendas que los muchachos revoleaban a la tropa. Cuando llegué al cubículo me abracé al inodoro y antes de vomitar grité: ¡Odio las despedidas de soltera!

viernes, 14 de septiembre de 2007

Solidaridades


En un matrimonio, el sexo es la primera de las solidaridades que se pierden. Después siguen las demás.

martes, 4 de septiembre de 2007

El telo

Música ambiental, paredes forradas de espejos, cortinas de raso, videos porno, objetos kitsch. Con todos sus ornamentos las habitaciones de los telos, desde siempre, sirvieron como refugio de placer y como rienda para cabalgar algún encuentro sexual. Porque si hay algo que otorga el nicho de un telo a través de toda esa puesta en escena es lo que todos van a buscar: la clandestinidad.
Las ofertas son muchas y a veces a modo de combo uno puede aprovechar una suitte temática (las hay egipcias, amazónicas, deportivas, tuercas, romanas) a menor costo si el encierro sexual se acomoda de lunes a viernes. Aunque denostados los albergues transitorios tienen lo suyo. Si la rutina diaria dispersa el deseo el cuarto de hotel lo concentra. Quizás por eso el ardor por horas que entrega el encuentro entre esas cuatro paredes nunca pasa de moda.